Lesión ¿continuar entrenando o guardar reposo?

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Una lesión no significa que el entrenamiento de un atleta deba detenerse por completo. Con esto no pretendo anteponer mi opinión por encima del juicio de valor emitido por un facultativo que diga todo lo contrario.

En febrero de 2019, se incorporó a mi grupo de entrenamiento David Pinilla, un atleta con varios años de experiencia como corredor y con objetivos asequibles a su condición física, pero es verdad que desde entonces, no hemos podido fraguar el esfuerzo invertido en los entrenamientos por diversas razones, entre ellas algunas lesiones.

Cuando un atleta sufre una lesión, la primera pregunta que nos surge es si continuar entrenando o guardar reposo, pero de forma común en la mayoría de los casos que conozco continuamos con el entrenamiento, eso sí, moderando la intensidad.

Esta discusión interna siempre es un desafío porque, aunque es decepcionante ver caer los datos referentes a la condición física, es aún peor exacerbar la lesión.

Vamos a sumergirnos en lo que sucede cuando el cuerpo está sobrecargado y cómo podemos discernir el nivel adecuado de entrenamiento para nuestros atletas lesionados.

Tomemos un ejemplo de la vida real y para ello utilizamos la figura de éste corredor con dolor en la región del pubis que se agrava al alargar la zancada, que bien pudiera ser una simple sobrecarga de aductores o en el peor de los casos una pubalgia.

En primera instancia, a modo de consejo, mi impresión era que debería guardar reposo para eliminar la tensión de esa zona. Para ello debía de ayudarse de medios de fisioterapia pensando que si se trataba de una sobrecarga, esta desaparecería tras unos días de descanso, pero la percepción del corredor era que no habíamos avanzado nada respecto a lo que se pretendía. A fin de conseguir la curación y mantener el estado físico considere la posibilidad de seguir entrenando, estableciendo una relación descanso-actividad que nos permitiera la curación de la lesión.

La primera regla era simple: correr durante el tiempo y a la intensidad que no le provocara dolor durante o después de que la actividad se haya completado. Para ello había que determinar el volumen apropiado de entrenamiento. ¿Podíamos mantener el 50% de su carga de entrenamiento actual?  Pude comprobar que podía alcanzar el volumen completo con la excepción del entrenamiento de trabajo de velocidad y además los ritmos los basamos en la (RPE) Percepción del Esfuerzo dentro de una escala de valores.

Hemos aceptado desde hace años que la mejor manera de mejorar en la carrera es corriendo. Sin embargo, cuando la lesión inhibe la capacidad de un atleta, puede cambiar el enfoque a entrenamientos alternativos que aún contribuyen con adaptaciones centrales, como la agudeza del sistema neuromuscular, la circulación, la oxigenación de los tejidos, etc. Cuando se trata de entrenamiento complementario, necesitamos diseñar una rutina de ejercicios con la intención de mejorar el rendimiento y conseguir adaptaciones funcionales musculares en la línea adecuada. La advertencia obvia es no exagerar la actividad complementaria.

Aquí es donde optamos por un entrenamiento de fuerza para la recuperación de este atleta. La investigación muestra excelentes resultados en programas de entrenamiento de fuerza específicos para el deporte y lesión que se padece. Con un alto porcentaje de lesiones recuperadas a veces se aprecia una mejora en  la velocidad, incluso la agilidad y los tiempos de contacto con el suelo. Este tipo de entrenamiento puede tener un doble propósito al permitir que el atleta desarrolle una forma física complementaria y abordar las limitaciones que causaron la lesión en primer lugar.

Con el volumen de entrenamiento regular disminuido, pudimos desarrollar 3 – 4 sesiones de fuerza por semana. Intente enfatizar la forma y aumente lentamente la duración de los entrenamientos durante todo el proceso de recuperación.

Necesitamos trabajar la musculatura de una manera que promueva una realineación eficiente para aumentar la función y reducir el dolor.  La incorporación del entrenamiento excéntrico en el programa de entrenamiento con pesas puede evitar la posibilidad de sufrir un esfuerzo muscular considerado. La forma propuesta en este caso fue realizar 2-3 días por semana con ejercicios de alta repetición y baja carga.

Había otra alternativa que no fue necesaria aplicar. Se trataba un entrenamiento de caminar y correr, y además aprovechando que David contaba con una cinta de correr, ésta se podía utilizar para caminar. Hablando en primera persona, yo he desarrollado recientemente sesiones de caminar y correr de baja duración y alta frecuencia durante toda la semana, mientras caminar sobre una cinta lo hice con menos frecuencia pero con una mayor duración, con resultados provechosos para la recuperación de una lesión.

Llegamos al punto donde había que probar el estado de las molestias para determinar el punto de retorno al deporte habitual que practica. Observé que ya no había aumento de dolor durante o después del entrenamiento. En la técnica de carrera no se apreciaba ningún tipo de gesto que hiciera presagiar que la lesión se mantenía. Su marcha de carrera se normalizaba.

Hay muchas alternativas dentro de la actividad física que dentro de los conocimiento de un entrenador – según su formación – puede utilizar para mantener e incluso maximizar el rendimiento de un atleta lesionado.  Es crucial que dentro del plan de entrenamiento programado en tanto dura un proceso de las características descritas, no se sobrecargue o en el peor de los casos, se agrave la lesión o la musculatura implicada hasta el punto de no retorno. Lo más importante a mi juicio es que el dolor o molestias sea la guía que conduzca al atleta a la recuperación de la lesión de manera flexible.

JuanAn Morenno

Entrenador Trail-Running | Preparador Físico

Técnico deportivo en montaña